Abarcas vascas: de los caseríos a nuestras fiestas

Abarcas vascas: de los caseríos a nuestras fiestas

Abarcas vascas: de los caseríos a nuestras fiestas, la historia de un calzado que sigue vivo

Hay prendas que identificamos inmediatamente con nuestra tierra. La txapela, el pañuelo de cuadros, las medias de lana, el blusón… y, por supuesto, las abarcas vascas o abarkak.

Hoy forman parte de muchos trajes tradicionales vascos y las seguimos viendo en romerías, Euskal Jaiak, actuaciones de dantzaris, celebraciones de Santa Águeda y numerosas fiestas populares.

Pero hubo un tiempo en el que ponerse unas abarcas no tenía nada de festivo.

Eran, sencillamente, el calzado de cada día.

Un calzado sencillo y funcional que acompañó durante generaciones a pastores, agricultores y habitantes del mundo rural.

Y detrás de esas abarcas aparentemente humildes encontramos una historia fascinante: cuero, lana, crin de caballo, humedad, barro, artesanos, caucho, neumáticos reutilizados y una tradición que consiguió sobrevivir a la desaparición del modo de vida para el que había nacido.

En Laugelu Euskal Jantziak queremos acercarnos hoy hasta nuestros pies para descubrir la historia de las abarkak.

Porque para comprender nuestros trajes tradicionales también hay que conocer la historia de cada una de las piezas que los forman.

                                                

¿Qué son realmente las abarcas?

La abarca —abarka en euskera y abarkak en plural— es un tipo de calzado tradicional estrechamente relacionado con el mundo rural.

Su concepto original era sorprendentemente sencillo: una pieza de cuero envolvía la planta y los laterales del pie y se recogía mediante perforaciones, lazadas y cordones.

No había tacones, complejas estructuras interiores ni sofisticados sistemas de fabricación.

Había que proteger el pie y poder caminar.

Y eso era exactamente lo que hacía.

Durante generaciones las abarcas estuvieron vinculadas a pastores, baserritarras, agricultores y trabajadores del campo, especialmente en una sociedad en la que muchas familias producían o reparaban buena parte de aquello que necesitaban.

Por eso las primeras abarcas estaban íntimamente relacionadas con los materiales disponibles en el entorno.

Dos materiales, una misma esencia: piel y goma

Cuando actualmente hablamos de abarcas vascas, encontramos fundamentalmente dos grandes tipos:

las abarcas de piel y las abarcas de goma.

Aunque visualmente puedan parecernos dos versiones de un mismo calzado, en realidad representan dos momentos muy diferentes de su evolución.

Las de piel son las más antiguas y nos llevan directamente al mundo pastoril y rural tradicional.

Las de goma llegaron mucho después, durante el siglo XX, cuando el caucho permitió crear un calzado más resistente frente al agua y la humedad.

La forma permaneció.

El material cambió.

Y ese pequeño cambio consiguió prolongar enormemente la vida de las abarcas como calzado de trabajo.

                                                  abarcas trajes regionales vascos - Laugelu Euskal Jantziak             

Las abarcas de piel: las más antiguas

Antes de la aparición de la goma, las abarcas se confeccionaban con piel animal.

Históricamente se utilizaron diferentes pieles disponibles en cada entorno y época. Se conservan ejemplares antiguos realizados incluso con cuero crudo, mientras que posteriormente los artesanos fueron utilizando pieles curtidas y tratadas que facilitaban su fabricación, conservación y uso.

Su elaboración podía realizarse de manera artesanal con herramientas relativamente sencillas.

Se cortaba la pieza de cuero, se preparaba la puntera, se perforaba el perímetro y mediante diferentes lazadas se conseguía recoger la piel alrededor del pie.

Finalmente se incorporaban los cordones.

El resultado era un calzado flexible, sencillo y reparable.

Y esto último era fundamental.

En una economía rural no se entendían los objetos como los entendemos actualmente.

Si algo se rompía, se reparaba.

Si un cordón se deterioraba, se sustituía.

Si una costura cedía, se volvía a coser.

Las abarcas tenían que durar.

                                         Abarcas o abarkas piel trajes regionales vascos

Un calzado nacido del propio entorno

Uno de los aspectos más interesantes de las abarcas tradicionales es que su fabricación estuvo relacionada durante mucho tiempo con una economía de autosuficiencia rural.

En determinados caseríos y ambientes pastoriles se aprovechaban las pieles de los propios animales y se confeccionaban diferentes elementos necesarios para la vida cotidiana.

Entre ellos, las abarcas.

Incluso existía un oficio específico dedicado a fabricarlas: el abarkagile, el artesano fabricante de abarcas.

Y existían herramientas propias para ello.

Una de ellas era la abarka-ola o abarka-ohol, una plantilla o tabla que servía para marcar sobre la piel la pieza necesaria para elaborar la abarca.

Detrás de un calzado aparentemente sencillo existía, por tanto, todo un conocimiento artesanal transmitido de generación en generación.

¿Eran cómodas las abarcas de piel?

Puede resultar extraño contemplarlas con nuestros ojos actuales, pero una de las características del cuero es precisamente su capacidad para ir adaptándose con el uso.

Una abarca correctamente confeccionada adquiría progresivamente la forma del pie.

Pero tampoco debemos idealizar el pasado.

Las abarcas tradicionales tenían inconvenientes importantes.

El principal era la humedad.

El cuero y, especialmente, las antiguas pieles poco tratadas reaccionaban al agua. La humedad podía alterar su comportamiento y el terreno mojado podía convertirlas en un calzado más incómodo y resbaladizo.

Por eso requerían mantenimiento y cuidados.

El cuero tenía que conservar su flexibilidad y debía evitarse un secado excesivo, especialmente junto al fuego, porque podía endurecerlo.

¿Y qué llevaban dentro?

Aquí encontramos otra imagen característica de nuestra indumentaria tradicional.

Las abarcas no necesariamente se utilizaban directamente sobre el pie desnudo.

Se documenta ampliamente el empleo de calcetines y medias gruesas de lana, además de diferentes piezas textiles que protegían pies y piernas.

En diferentes zonas recibían nombres distintos y su utilización variaba según el lugar y las condiciones climáticas.

La lógica era sencilla.

Si hacía frío, había que aislar el pie.

Si había humedad, había que protegerlo.

Y si había que pasar muchas horas caminando o trabajando, cualquier capa adicional de protección era bienvenida.

De ahí procede en buena medida esa imagen que hoy reconocemos inmediatamente en nuestros trajes de baserritarra: media gruesa y abarca atada sobre ella.

La llegada de las abarcas de goma

Y entonces llegó una pequeña revolución.

El caucho.

Durante las décadas de 1920 y 1930 las abarcas de goma comenzaron progresivamente a sustituir a las de piel en diferentes zonas.

Hay referencias a la fabricación de este tipo de abarcas en Pamplona hacia 1930.

La idea era brillante precisamente por su sencillez.

Mantener un tipo de calzado que la población rural conocía perfectamente, pero fabricarlo utilizando un material mucho más adecuado frente a uno de sus principales enemigos:

el agua.

Las abarcas de goma eran resistentes a la humedad, soportaban el barro y ofrecían una gran durabilidad.

Para alguien que trabajaba diariamente en el campo, aquello suponía una ventaja evidente.

                                                  Abarcas o abarkas goma trajes regionales vascos

De las ruedas a los pies

Una de las imágenes más curiosas de la evolución de este calzado es la utilización de caucho procedente de neumáticos y cubiertas reutilizadas.

Actualmente hablamos constantemente de reciclaje y economía circular.

Hace décadas muchas familias simplemente lo llamaban aprovechar lo que había.

Una cubierta que había terminado su vida útil podía proporcionar un material extraordinariamente resistente para fabricar calzado.

El caucho soportaba agua, barro, piedras y un uso intenso.

Y así un material procedente de una rueda podía terminar protegiendo los pies durante mucho tiempo.

No era una práctica exclusivamente vasca —el reaprovechamiento de neumáticos para fabricar calzado rural se produjo en numerosos lugares—, pero encajó perfectamente en la evolución de las abarcas utilizadas en Euskal Herria.

Piel frente a goma: ¿cuál era mejor?

No existe una respuesta absoluta.

Porque cada una nació en un contexto diferente.

Abarcas de piel

Representan la forma históricamente más antigua.

Son flexibles y se adaptan progresivamente al pie. Además, mantienen una conexión directa con la fabricación artesanal tradicional.

A cambio, el cuero necesita más cuidados y se comporta peor ante una exposición continuada al agua.

Abarcas de goma

Son posteriores y representan la adaptación de la abarca al siglo XX.

El caucho ofreció mayor resistencia frente al agua y al barro y una gran durabilidad, características especialmente interesantes para el trabajo rural.

También permitió producir un calzado económico y funcional.

No se trató, por tanto, de decidir que una abarca era «mejor» que la otra.

La goma resolvió algunos de los problemas prácticos que presentaba la piel.

Y precisamente por eso terminó extendiéndose.

                                              Abarcas piel o abarkas piel trajes regionales vascos

Los pequeños secretos de las abarkak

Cuanto más investigamos sobre nuestra indumentaria tradicional, más descubrimos que los pequeños detalles tenían una razón.

Las abarcas son un magnífico ejemplo.

Los cordones no eran un simple adorno

Los cordones permitían recoger la abarca alrededor del pie y sujetarla correctamente.

En euskera encontramos denominaciones como trailak o traiak asociadas a estos cordones.

Podían fabricarse utilizando diferentes materiales.

Y aquí aparece una curiosidad extraordinaria.

Se conservan abarcas antiguas cuyos cordones están confeccionados con crin de caballo.

¿La razón?

Su buena resistencia frente a la humedad.

También existieron cordones confeccionados con lana y otros materiales disponibles.

Una vez más, nada era casual.

Cada material respondía a una necesidad.

                                               Abarcas o abarkas piel trajes regionales vascos

Hasta las abarcas podían tener su versión “de fiesta”

Otro detalle precioso aparece en determinados modelos artesanales.

Algunas abarcas incorporaban pequeños elementos decorativos de cuero conocidos como begiak, literalmente «ojos».

Según testimonios transmitidos dentro de familias de artesanos, estos adornos podían reservarse para las abarcas utilizadas en ocasiones festivas, mientras que las destinadas al trabajo cotidiano eran más sencillas.

Parece que incluso hace generaciones existía algo que seguimos haciendo hoy:

guardar lo más bonito para los días especiales.

También se buscaba evitar los resbalones

Las abarcas podían incorporar clavos o tachuelas en la parte inferior.

Su función era mejorar el comportamiento del calzado sobre determinados terrenos y aumentar su resistencia al desgaste.

Resulta curioso pensar en ello actualmente, cuando analizamos la suela de unas botas de montaña buscando tacos, dibujos y materiales técnicos.

Nuestros antepasados también buscaban soluciones para obtener más agarre.

Simplemente utilizaban los materiales y técnicas que tenían a su alcance.

Un calzado hecho para durar… y para reparar

Las abarcas pertenecen a una época en la que sustituir un objeto no era necesariamente la primera opción.

Se reparaba.

Una costura podía rehacerse.

Los cordones podían sustituirse.

El cuero podía acondicionarse para conservar su flexibilidad.

Y cuando aparecieron las abarcas de goma, la extraordinaria resistencia del caucho prolongó todavía más su utilización.

Es difícil no encontrar aquí una conexión con conceptos que actualmente vuelven a parecernos modernos: reparar, reutilizar, aprovechar materiales y alargar la vida de los objetos.

Para nuestros antepasados no era una tendencia.

Era simplemente sentido práctico.

¿Cuándo dejaron de utilizarse como calzado cotidiano?

No hubo un día concreto en el que Euskal Herria dejase las abarcas en el armario.

El cambio fue progresivo.

Durante el siglo XX aparecieron nuevos materiales, zapatos industriales, botas de goma y calzado cada vez más especializado.

Poco a poco, las abarcas fueron perdiendo la función para la que habían nacido.

Dejaron de ser una pieza habitual del trabajo cotidiano.

Pero ocurrió algo muy interesante.

Desaparecieron del trabajo diario, pero no desaparecieron de nuestra cultura.

De los caseríos a las Euskal Jaiak

La abarca terminó realizando un viaje extraordinario.

Pasó de ser una herramienta de trabajo a convertirse en parte de nuestra indumentaria tradicional.

Actualmente las seguimos encontrando acompañando trajes de casero y casera, baserritarra, indumentaria infantil y determinados conjuntos utilizados por grupos de euskal dantzak.

Las vemos especialmente en:

Euskal Jaiak, romerías, Santa Águeda, fiestas patronales, celebraciones navideñas, actuaciones de grupos de danza, encuentros culturales y numerosas fiestas populares.

Y cada vez que alguien se viste con un traje tradicional completo, las abarcas vuelven durante unas horas a ocupar el lugar que tuvieron durante generaciones.

Ya no para ir a trabajar al campo.

Sino para recordar de dónde venimos.

¿Se utilizan más las abarcas de piel o las de goma actualmente?

Esta pregunta nos la hacen a menudo cuando alguien prepara un traje tradicional vasco.

Y aquí preferimos ser rigurosos.

No existen estadísticas públicas suficientemente completas que nos permitan afirmar qué porcentaje de personas utiliza actualmente piel y qué porcentaje utiliza goma.

Ambos modelos continúan existiendo y utilizándose.

Las de goma ofrecen practicidad, resistencia y facilidad de mantenimiento.

Las de piel tienen un atractivo especial por su acabado, su relación con la artesanía y su conexión visual con las abarcas históricas.

La elección dependerá del traje, del tipo de celebración, del uso que vayamos a darles y, por supuesto, de nuestras preferencias.

En Laugelu Euskal Jantziak creemos que precisamente ahí está la riqueza de nuestra indumentaria: conocer qué representa cada pieza para poder elegirla con sentido.

¿Cómo completar correctamente un traje tradicional vasco?

Un traje tradicional no consiste simplemente en reunir prendas que «parezcan antiguas».

Cada elemento tiene su historia.

Las abarcas dialogan con las medias, faldas, blusas, delantales, pantalones, blusones, pañuelos, txapelas, toquillas y demás complementos que forman nuestros diferentes conjuntos tradicionales.

Y pequeños detalles pueden transformar completamente el resultado.

Por eso en Laugelu trabajamos tanto la indumentaria de mujer, hombre y niño, intentando que quien quiera vestirse para una Euskal Jaia, una romería, Santa Águeda o cualquier otra celebración pueda encontrar las prendas y complementos necesarios para construir un conjunto coherente.

Porque vender un traje regional es también explicar por qué es así.

Y conocer la historia de las abarcas nos ayuda precisamente a hacerlo.

Más que un calzado: una pequeña parte de nuestra historia

Quizá esta sea la parte que más nos gusta de las abarkak.

Son sencillas.

No nacieron como una pieza elegante ni ceremonial.

Nacieron porque alguien necesitaba protegerse los pies para trabajar.

Primero llegó el cuero.

Después llegó la goma.

Cambió el material, cambió la forma de fabricarlas y finalmente cambió también su función.

Pero las abarcas permanecieron.

Hoy las utilizamos durante nuestras fiestas, las vemos bailar, acompañan a nuestros txikis cuando se visten con el traje tradicional y vuelven cada año con nuestras romerías y celebraciones.

Y cada vez que atamos sus cordones estamos recuperando, de una forma pequeña pero muy visible, una pieza de la vida cotidiana de generaciones anteriores.

En Laugelu Euskal Jantziak defendemos precisamente eso.

Que nuestra indumentaria tradicional no sea únicamente algo que conservamos en fotografías antiguas.

Que se conozca.

Que se explique.

Que se vista.

Y, sobre todo, que siga viva.



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